Depresión funcional: Cuando "estoy bien" es solo una máscara.
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Te levantas a la hora de siempre, te preparas el café, llevas a los niños al colegio y llegas puntual al trabajo. Cumples con tus plazos, sonríes a tus compañeros en la pausa del café y, si alguien te pregunta "¿qué tal estás?", tu respuesta automática es un "bien, todo bien, con lío pero bien".
Sin embargo, por dentro sientes que estás arrastrando una losa de cemento. Llegar al final del día se te hace un mundo. Sientes un vacío extraño, una desconexión profunda con tu propia vida, como si estuvieras actuando en una película cuyo guion no has escrito. A esto se le suma la culpa: "¿De qué me quejo? Si tengo trabajo, salud y familia". Esta desconexión tiene nombre y es importante ponerlo sobre la mesa.
A menudo hablamos de la depresión imaginando a alguien que no puede salir de la cama, pero existe otra realidad mucho más silenciosa y, a veces, más peligrosa porque pasa desapercibida: la depresión funcional o lo que coloquialmente se conoce como "depresión sonriente". Hoy quiero hablarte de esa máscara y de por qué está bien quitársela.
"Estoy depre" vs. Depresión real: La importancia de las palabras.
Vivimos en una sociedad de extremos. Por un lado, hemos banalizado el lenguaje clínico, decimos "estoy depre" porque se ha cancelado un plan de fin de semana, o "tengo ansiedad" porque tenemos un poco de prisa. Naturalizar las emociones es positivo, pero usar términos clínicos para describir estados de ánimo pasajeros puede invisibilizar el sufrimiento real de quienes padecen un trastorno.
La tristeza es una emoción natural, necesaria y adaptativa. Viene, nos trae un mensaje (normalmente relacionado con una pérdida o decepción) y, con el tiempo, se va. Como explicaba en mi artículo sobre ¿Qué es la Depresión?, la depresión es algo muy distinto: es un estado persistente que altera nuestra capacidad de sentir, pensar y actuar. No es estar triste un domingo por la tarde; es sentir que el domingo dura meses.
¿Qué es la depresión funcional? La máscara perfecta.
La depresión funcional se ve en persona que mantienen su vida productiva intacta, es decir, de cara a la galería eres eficiente, responsable e incluso "el pilar" de tu entorno.
El problema es que esta funcionalidad actúa como una trampa. Como "puedes" con todo, nadie sospecha que necesitas ayuda. Y lo peor: tú misma te convences de que no la necesitas porque, al fin y al cabo, sigues funcionando. Es como un coche que sigue circulando por la autopista a 120 km/h, pero con el motor en llamas por dentro. Tarde o temprano, el coche se para, pero el coste de reparación será mucho mayor.
Anhedonia y vacío: Los síntomas que nadie ve.
Si la persona con depresión funcional no está en la cama llorando, ¿qué siente entonces? Los síntomas de la depresión funcional son más internos y sutiles:
- Anhedonia: Es la incapacidad para sentir placer. Haces las cosas, vas a la cena con amigas, juegas con tus hijos, pero no "sientes" la alegría. Es como comer tu plato favorito y que te sepa a cartón.
- Agotamiento desproporcionado: Mantener la máscara consume una energía brutal. Tareas sencillas como responder un WhatsApp o decidir qué hacer de cena se sienten como escalar el Everest.
- Autocrítica feroz: Tu diálogo interno es tu peor enemigo. Te fustigas por no estar feliz, por estar cansada, por no ser suficiente.
- Irritabilidad: A menudo, la tristeza reprimida sale en forma de enfado o poca paciencia con los seres queridos.
"Tener depresión y seguir siendo funcional no significa que no estés sufriendo. Significa que estás sufriendo el doble: por el dolor en sí y por el esfuerzo titánico de ocultarlo."
"Pero si no tienes motivos": El juicio social que silencia.
Aquí llegamos a la parte más dolorosa. Cuando una persona funcional intenta abrirse, a menudo recibe respuestas bienintencionadas pero dañinas: "Pero si tienes un trabajo estupendo", "tienes unos hijos sanos", "no tienes motivos para estar así, ¡anímate!".
Esto es lo que llamo el "estigma inverso". Se juzga a la persona deprimida funcional porque no encaja en el molde de la "víctima visible". Este juicio refuerza la culpa y el silencio. Es vital entender que la depresión no es una ecuación matemática de "cosas buenas = felicidad". Es un trastorno complejo con componentes biológicos, psicológicos y sociales que no entiende de nóminas ni de fotos bonitas en Instagram.
Si te sientes identificada, quiero que sepas algo: tienes derecho a sentirte mal aunque tu vida parezca perfecta. Tu dolor es válido y no necesitas justificarlo ante un tribunal de "motivos suficientes".
Ejercicio práctico: El "Chequeo de Batería Emocional".
Salir del piloto automático es el primer paso. Te propongo un pequeño ejercicio para empezar a conectar contigo misma, sin juicios.
- La escala del 1 al 10: Tres veces al día (desayuno, comida, cena), pregúntate: "¿Cuánta batería social y emocional tengo ahora mismo?". Siendo 1 "quiero desaparecer" y 10 "me siento plena".
- Identifica el drenaje: Si tu respuesta es baja, pregúntate: "¿Qué me está robando energía ahora mismo?". ¿Es una tarea? ¿Es el ruido? ¿Es fingir esa sonrisa?
- La micro-acción de recarga: No busques grandes soluciones. Si estás al 20%, quizás solo necesitas 5 minutos de silencio en el baño, ponerte una canción que te guste o decir "hoy no" a un compromiso.
La depresión funcional es agotadora porque es una actuación constante sin aplausos al final. Reconocer que la máscara pesa demasiado no es un signo de debilidad, es el primer acto de valentía para empezar a curarte. No tienes que poder con todo tú sola.
Si sientes que este artículo habla de ti, te invito a que demos el paso juntas. En terapia trabajamos para que puedas soltar esa carga de forma segura y volver a conectar con la vida, no solo a "sobrevivir" a ella.
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ESCRITO POR
Judit Merayo Barredo
Psicóloga especializada en ansiedad, estrés y crecimiento personal. Mi objetivo es acompañarte en tu camino hacia el bienestar emocional con herramientas prácticas y un espacio seguro.
Saber más sobre mí →¿Te sientes identificada con esta máscara?
Reconocer que necesitas ayuda aunque tu vida parezca "perfecta" no es debilidad, es el mayor acto de valentía. Estoy aquí para acompañarte a soltar ese peso.
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