Salud Mental

Tu salud mental es un derecho, no un lujo (Especial Derechos Humanos)

Por Judit Merayo Barredo Publicado el 9 de Diciembre, 2025 Lectura de 6 min
Mujer mirando por la ventana con expresión pensativa, reflejando la necesidad de validación emocional y salud mental.

"No me pasa nada grave, solo estoy un poco agobiada". "¿Cómo voy a gastar dinero en terapia con los problemas reales que tiene otra gente?". "Tengo techo, comida y trabajo, no tengo derecho a quejarme". ¿Te suenan estas frases? Es muy probable que te las hayas dicho a ti misma alguna vez. O quizás, te las repites cada día al mirarte al espejo.

Mañana, 10 de diciembre, celebramos el Día de los Derechos Humanos. Cuando pensamos en esta fecha, solemos imaginar grandes tratados internacionales, tribunales o situaciones extremas en países lejanos. Pero la realidad es que los derechos humanos empiezan mucho más cerca: empiezan en tu desayuno, en tu casa, y sobre todo, en cómo te tratas a ti mismo/a cuando nadie te ve.

Hoy quiero hablarte de algo que casi nunca se dice pero que es fundamental para tu bienestar: la salud mental como derecho. No es un lujo para quien tiene tiempo de sobra. No es un capricho moderno. Es la base de tu dignidad humana. Mereces un entorno que cuide tu bienestar psicológico, mereces ser escuchada y, sobre todo, mereces sentirte segura emocionalmente.

¿Derechos humanos en la terapia? Por qué tu bienestar no es negociable.

Vivimos en una sociedad que a menudo nos empuja a creer que el descanso o el cuidado emocional son premios que se ganan tras ser "suficientemente productivos". Si cumples con todo, entonces (y solo entonces) puedes relajarte. Pero esto es una trampa peligrosa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es clara al respecto: "No hay salud sin salud mental". La salud mental es un estado de bienestar en el que la persona es consciente de sus propias capacidades y puede afrontar las tensiones normales de la vida. Privarte de ese bienestar, o sentir que no lo mereces, es una forma de violencia invisible contra ti misma.

Cuando hablamos de derechos humanos en consulta, hablamos de cosas tangibles:

  • Derecho a la seguridad emocional: A no vivir con miedo a la reacción del otro, a no caminar sobre cáscaras de huevo en tu propia casa.
  • Derecho a poner límites: Como vimos en mi artículo sobre que poner límites no es egoísmo, decir "no" es una forma de proteger tu integridad.
  • Derecho a la imperfección: A no poder con todo, a equivocarte y a no ser juzgado por ello.

Los 3 mitos que te impiden reclamar tu seguridad emocional.

A lo largo de mi experiencia acompañando a pacientes, he detectado tres creencias limitantes que actúan como muros. Estos mitos nos convencen de que nuestro sufrimiento "no cuenta" y nos mantienen en silencio.

  1. "El mito de la gravedad comparada": Pensar que como hay gente sufriendo guerras o hambre, tu ansiedad o tu tristeza no son válidas. El dolor no es una competición, tu sufrimiento es real porque te duele a ti, y eso es suficiente para merecer atención.
  2. "El mito de la fortaleza": Creer que aguantar en silencio es signo de carácter. Nos han enseñado a "tragar", a "tirar para adelante", pero la verdadera fortaleza no es ser de piedra, sino tener la valentía de reconocer nuestra vulnerabilidad y pedir ayuda.
  3. "El mito del lujo": Ver la terapia o el autocuidado como algo exclusivo, algo que harás "cuando tengas dinero/tiempo". Tu estabilidad mental es el motor de todo lo demás; si el motor se rompe, el coche no avanza, por mucho que lo limpies por fuera.

Validación: la llave para sentirte digno/a de ayuda.

La validación emocional es el acto de dar legitimidad a lo que sientes. Es decirte a ti mismo/a: "Tiene sentido que me sienta así". Cuando carecemos de esta validación, ya sea porque nuestro entorno nos la niega ("no seas exagerada") o porque nosotros mismos nos censuramos, entramos en un bucle de culpa y soledad.

"Nadie puede estar bien si vive rodeado de gritos, discriminación, control o invisibilidad emocional. Reclamar tu espacio y tu voz no es un acto de rebeldía, es un acto de dignidad."

Sanar empieza por validar. Empieza por reconocer que tienes derecho a pedir ayuda sin sentir que estás fallando. No eres un "problema" por tener ansiedad; eres una persona humana reaccionando a circunstancias complejas.

Ejercicio: Tu Declaración Universal de Derechos Emocionales.

Para bajar estos conceptos a tierra, te propongo un ejercicio muy poderoso para realizar hoy mismo. Vamos a redactar tu propia "Carta Magna" interna.

Coge papel y boli. No lo hagas mentalmente, escribirlo le da peso y realidad. Escribe el título: "Yo, [Tu Nombre], tengo derecho a..." y completa la lista con al menos 5 permisos que necesitas darte hoy. Aquí tienes algunos ejemplos para inspirarte:

  • Tengo derecho a decir "no sé" y a no tener todas las respuestas.
  • Tengo derecho a descansar sin tener que estar enferma para justificarlo.
  • Tengo derecho a cambiar de opinión sin sentirme culpable.
  • Tengo derecho a alejarme de personas que me hacen daño, aunque sean familia.
  • Tengo derecho a pedir lo que necesito, no solo lo que sobra.

Una vez escrita, colócala en un lugar visible (la nevera, el espejo del baño o de fondo de pantalla en el móvil) durante esta semana. Léela cada vez que sientas que la culpa te invade.

Pedir ayuda no es debilidad, es un acto de justicia contigo mismo/a.

Espero que este artículo te sirva para mirar tu salud mental desde otro prisma: no como una tarea pendiente más en tu lista, sino como el suelo firme sobre el que construyes tu vida.

Recuerda: los derechos humanos no se piden "por favor", se ejercen. Y tu derecho a estar bien, a sentir paz y a buscar apoyo profesional cuando lo necesitas, es inalienable.

Si sientes que llevas demasiado tiempo postergándote, que vives en silencio o que la culpa te impide priorizarte, quizás es el momento de ejercer ese derecho. En consulta trabajamos precisamente esto: crear un espacio seguro donde tu voz y tus emociones tengan el lugar que merecen.

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ESCRITO POR

Judit Merayo Barredo

Psicóloga especializada en ansiedad, estrés y crecimiento personal. Mi objetivo es acompañarte en tu camino hacia el bienestar emocional con herramientas prácticas y un espacio seguro.

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¿Crees que no tienes "derecho" a estar mal?

A veces, el mayor obstáculo para sanar es creer que no lo merecemos. Si necesitas un espacio donde tu dolor sea validado y escuchado sin juicios, estoy aquí para acompañarte.

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