¿Miedo a ir al psicólogo? Qué esperar de tu primera cita (Guía sin mitos)
En este artículo encontrarás:
- → ¿Por qué nos cuesta tanto dar el primer paso para ir a terapia?
- → Desmontando 5 mitos que te frenan a la hora de buscar ayuda psicológica
- → La primera cita: qué puedes esperar realmente de esa conversación
- → Ejercicio práctico: Tu termómetro emocional para saber si es tu momento
- → La terapia no es magia, es un compromiso valiente contigo
Hoy quiero hablar de algo que a menudo se queda en la sombra: el miedo a sentarse por primera vez frente al psicólogo. Esa mezcla de curiosidad, esperanza y un nudo en el estómago al pensar: "¿Y si mi problema no es para tanto?", "¿Y si me juzga?", "¿Realmente sirve de algo hablar con un desconocido?".
Si alguna vez has tecleado en Google "buscar psicólogo" y has cerrado la pestaña a los cinco minutos, este artículo es para ti. Si sientes que llevas tiempo cargando con un peso, pero la idea de pedir ayuda te genera más ansiedad que alivio, también es para ti. La terapia es uno de los mayores actos de autocuidado que existen, pero está rodeada de una niebla de mitos y falsas expectativas. Hoy vamos a encender la luz para que veas con claridad qué hay detrás de esa puerta y por qué cruzarla puede ser el inicio de un cambio profundo y necesario en tu vida.
¿Por qué nos cuesta tanto dar el primer paso para ir a terapia?
Vamos al médico cuando nos duele la espalda y al dentista cuando tenemos una caries. Sin embargo, cuando el dolor es emocional —esa tristeza que no se va, esa ansiedad que aprieta el pecho—, tendemos a pensar que "tenemos que poder con ello solos". Esta idea es una de las barreras más grandes.
La sociedad nos ha enseñado a ser "fuertes" y a no quejarnos. Pedir ayuda psicológica se ha asociado erróneamente con la debilidad, cuando en realidad es todo lo contrario: reconocer que algo nos supera y buscar activamente herramientas para gestionarlo es un acto de enorme valentía y responsabilidad personal, y a esto se suma el estigma. Aunque hemos avanzado mucho, todavía persiste el miedo a ser etiquetado o a que nuestro entorno no lo entienda.
Desmontando 5 mitos que te frenan a la hora de buscar ayuda psicológica.
La desinformación es el alimento del miedo. Vamos a aclarar algunas de las ideas más extendidas y equivocadas sobre la terapia:
- Mito 1: "Ir al psicólogo es para gente que está loca o muy mal". La gran mayoría de personas que acuden a terapia son personas funcionales, con su trabajo, su familia y sus amigos, que están atravesando un momento vital complicado: una ruptura, estrés laboral, dificultades en la crianza, ansiedad o, simplemente, una sensación de estancamiento. La terapia es un espacio para el crecimiento, no solo para la crisis.
- Mito 2: "Pagar para que alguien me escuche es una tontería, para eso tengo a mis amigos". El apoyo de tus seres queridos es fundamental, pero un psicólogo no es un amigo. Ofrecemos una escucha activa, objetiva y sin juicios, desde un conocimiento profundo del comportamiento humano. Además, te proporcionamos herramientas y estrategias específicas que un amigo, con toda su buena intención, no puede darte.
- Mito 3: "El psicólogo me va a decir lo que tengo que hacer". Un buen terapeuta no te da consejos ni toma decisiones por ti. Nuestro trabajo es acompañarte, hacerte las preguntas adecuadas para que tú encuentres tus propias respuestas y te sientas más seguro/a para tomar las riendas de tu vida. Eres el experto/a en tu propia vida; nosotros solo te ayudamos a encontrar el mapa.
- Mito 4: "Voy a tener que hablar de mi infancia y remover el pasado". Aunque a veces es necesario entender de dónde venimos para saber por qué actuamos como lo hacemos, muchas veces solo se tocará de pasada, nos centraremos en el aquí y el ahora, y sobre todo siemre respetaremos tus ritmos. El objetivo es darte herramientas para gestionar tu presente y construir tu futuro, no quedarnos anclados en el pasado.
- Mito 5: "La terapia es un proceso eterno y carísimo". La duración de la terapia depende de cada persona y de los objetivos que se marquen. A veces, unas pocas sesiones son suficientes para desatascar un problema concreto, no es un pozo sin fondo, sino una inversión en tu bienestar con un principio y un fin.
La primera cita: qué puedes esperar realmente de esa conversación.
La primera sesión es probablemente la que más vértigo da, pero quiero decirte que eso de la imagen que se te viene a la cabeza del diván y el señor con barba tomando notas en silencio ha pasado a la historia. Una primera cita de terapia es, ante todo, un encuentro humano. Es una conversación para conocernos.
Piensa en ello como una toma de contacto, dónde el objetivo principal es que tú te sientas en un espacio seguro y que yo pueda entender qué te trae aquí. Aquí te dejo una estructura de lo que suele ocurrir:
- Un espacio para ti: Te preguntaré qué te ha llevado a buscar ayuda. No necesitas tener un discurso preparado, puedes hablar de lo que te preocupa, de cómo te sientes, de lo que te gustaría que cambiara. No hay respuestas correctas o incorrectas.
- Resolver tus dudas: Es el momento para que preguntes todo lo que necesites: cómo trabajo, cada cuánto nos veríamos, la confidencialidad...es fundamental que te sientas cómodo/a.
- Definir un punto de partida: Juntos, empezaremos a poner nombre a lo que te ocurre y a esbozar unos posibles objetivos. Salir de esa primera sesión con un poco más de claridad ya es un gran paso.
"La primera sesión no es un examen. Es el primer ladrillo para construir un refugio seguro donde puedas poner orden a tu caos interior sin miedo a ser juzgado/a."
Ejercicio práctico: tu termómetro emocional para saber si es tu momento.
A veces, la duda principal es: "¿Lo que me pasa es lo suficientemente importante como para ir a terapia?". Si te sientes identificado/a con varias de estas afirmaciones, quizás sea una señal de que buscar apoyo profesional podría ayudarte. Coge papel y boli y marca las que resuenan contigo:
- Malestar persistente: Sientes ansiedad, tristeza o irritabilidad la mayor parte del tiempo y no sabes por qué.
- Impacto en tu día a día: Tus emociones están afectando a tu trabajo, tus relaciones, tu sueño o tu apetito.
- Estrategias que ya no funcionan: Lo que antes te servía para sentirte mejor (hacer deporte, hablar con amigos) ya no es suficiente.
- Aislamiento: Te sientes desconectado/a de los demás o evitas situaciones sociales que antes disfrutabas.
- Sensación de estar atascado/a: Sientes que te enfrentas siempre a los mismos problemas o patrones de comportamiento y no sabes cómo romper el ciclo.
Este ejercicio no es un diagnóstico, sino una herramienta de autoconocimiento. Si has marcado varias casillas, no significa que tengas un problema "grave", sino que hay un malestar que merece ser atendido para que no vaya a más.
La terapia no es magia, es un compromiso valiente contigo.
Ir a terapia no te "arregla", porque no estás roto/a. Ir a terapia te da herramientas, te ofrece perspectiva y te proporciona un espacio seguro para ser vulnerable y reconstruirte. Es un proceso activo, un entrenamiento para tu mente y tus emociones.
Mi mayor deseo, al igual que el de tantos y tantos colegas, es que normalicemos el cuidado de la salud mental tanto como el de la salud física, y que pedir ayuda sea visto como lo que es: un signo de fortaleza. Si has llegado hasta aquí, es porque una parte de ti ya sabe que mereces sentirte mejor.
Si sientes que es tu momento de dar el paso, de regalarte ese espacio para ti, estaré encantada de acompañarte en el camino. Puedes reservar una primera cita para que nos conozcamos sin ningún compromiso.
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ESCRITO POR
Judit Merayo Barredo
Psicóloga especializada en ansiedad, estrés y crecimiento personal. Mi objetivo es acompañarte en tu camino hacia el bienestar emocional con herramientas prácticas y un espacio seguro.
Saber más sobre mí →¿Sientes que es el momento de pedir ayuda?
Dar el primer paso es el más difícil, pero también el más transformador. Si te sientes listo/a para empezar a cuidarte desde dentro, estoy aquí para acompañarte.
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