Salud Mental

"Estoy mal y me siento culpable por ello": La trampa de la autoexigencia emocional.

Por Judit Merayo Barredo Publicado el 05 de Febrero, 2026 Lectura de 6 min
Mujer con expresión reflexiva y algo de tristeza mirando por una ventana, simbolizando la culpa interna por sus emociones.

"Judit, sé que sentir tristeza es normal, es una emoción más, lo he aprendido en terapia, se lo digo a mis amigas, se lo digo a mis hijos... pero cuando me toca a mí, siento que estoy perdiendo el tiempo llorando y estando triste. Siento que debería estar haciendo algo productivo en lugar de estar así".

Esta frase me la dijo una paciente hace unos días y quería trabajar sobre ella, al igua que hice con mi paciente en sesión. Resume a la perfección el conflicto silencioso que viven muchísimas personas hoy en día. Vivimos en la era de la visibilización de la salud mental, usamos hashtags, compartimos posts sobre autocuidado y sabemos, en teoría, que "está bien no estar bien". Pero, ¿qué pasa cuando esa teoría tenemos que aplicárnosla a nosotras mismas?

A menudo, aparece un muro invisible, una voz interna que nos dice: "Tú no tienes derecho a quejarte", "tienes todo para ser feliz", o "venga, ya has estado mal un rato, ahora toca rendir". Si te identificas con esto, quiero decirte que no estás sola y, sobre todo, que sentir culpa por sentir tristeza es una trampa de la que se puede salir.

La gran paradoja: apoyar la salud mental pero rechazarla el cuidado de ella en ti misma.

Hemos avanzado mucho como sociedad, ya no escondemos tanto que vamos al psicólogo. Sin embargo, hemos creado una especie de "salud mental de escaparate". Aceptamos hablar de ansiedad o estrés porque, irónicamente, son emociones muy ligadas a la productividad: tienes estrés porque "haces mucho", y eso socialmente se valida.

Pero, ¿qué ocurre con las emociones que nos paralizan, que ocurre con la tristeza profunda, la apatía, el miedo irracional o la envidia? Son emociones que no son "instagrameables" ni productivas, y ahí es donde entra el conflicto. Nos hemos convertido en expertas en validar las emociones de los demás ("llora lo que necesites, amiga"), mientras somos unas tiranas con nuestro propio mundo interior ("deja de llorar y ponte a trabajar").

¿Por qué sentimos que la tristeza es una "pérdida de tiempo"?

Vivimos en una cultura que penaliza la pausa. Hemos interiorizado la idea de que nuestro valor como personas depende de lo que producimos o de lo "funcionales" que somos. Bajo esta lente, la tristeza es el enemigo público número uno porque nos obliga a frenar.

Sentir que estar mal es "perder el tiempo" es un síntoma de desconexión. Las emociones no son un obstáculo en tu camino; son señales de tráfico que te indican cómo está el camino. Si ignoras una señal de "Stop" porque tienes prisa, es probable que acabes teniendo un accidente. Con las emociones ocurre lo mismo: si ignoras la tristeza por "ser productiva", acabarás con un agotamiento emocional mucho mayor a largo plazo.

Autoexigencia emocional: cuando tu crítico interno toma el mando.

Hablamos mucho de la autoexigencia laboral o académica, pero existe una hermana gemela más silenciosa: la autoexigencia emocional. Es esa creencia rígida de que debemos tener un control absoluto sobre lo que sentimos.

Esta autoexigencia se manifiesta con frases que empiezan por "debería":

  • "No debería afectarme tanto ese comentario."
  • "Debería ser más fuerte."
  • "Debería estar agradecida en lugar de triste."

El problema es que las emociones no entienden de "deberías". Las emociones simplemente son. Cuando juzgas una emoción, no haces que desaparezca; simplemente le añades una capa extra de sufrimiento: ahora estás triste, y además, te sientes culpable por estarlo. Es lo que en psicología llamamos "emoción secundaria".

"A veces el conflicto no está en sentir tristeza, sino en todo lo que nos decimos a nosotras mismas por sentirla. La herida duele, pero el juicio infecta la herida."

Qué le pasa a tu cuerpo cuando bloqueas lo que sientes.

Intentar racionalizar una emoción para no sentirla es como intentar mantener una pelota de playa hundida bajo el agua. Requiere un esfuerzo constante y agotador, y en el momento en que te despistas o te quedas sin fuerzas, la pelota sale disparada hacia arriba con mucha más violencia.

Esta represión tiene consecuencias claras:

  1. Somatización: Lo que la boca calla, el cuerpo lo grita. Dolores de cabeza tensionales, problemas digestivos, contracturas crónicas o insomnio.
  2. Anestesia emocional: Si te prohíbes sentir tristeza, también bloqueas tu capacidad para sentir alegría genuina. Te quedas en un tono gris, funcionando en "piloto automático". (Sobre esto hablo más en mi artículo: Vivir en piloto automático: la pausa que tu mente pide a gritos).
  3. Explosiones desproporcionadas: Acumulas tanta presión que un día, por una tontería (se te cae el café o alguien llega tarde), estallas con una rabia o un llanto incontrolable.

Ejercicio práctico: Del juicio a la validación en 3 pasos.

¿Cómo rompemos este ciclo? Pasando del juicio ("esto está mal") a la validación ("esto es lo que hay ahora mismo"). Te propongo un ejercicio sencillo para cuando notes que te estás fustigando:

La Técnica del "Sí, y..."

Normalmente usamos el "pero" para invalidarnos: "Estoy triste, pero no debería porque tengo salud". Vamos a cambiar el "pero" por el "y".

  • Paso 1: Detecta el juicio. Pilla a tu voz interna diciendo "no deberías sentirte así".
  • Paso 2: Nombra la emoción. Di: "Siento tristeza" o "Siento envidia". Sin apellidos.
  • Paso 3: Construye la frase validadora. Une la emoción con tu realidad usando "y". Ejemplo: "Me siento triste y está bien sentirme así hoy, aunque tenga muchas cosas buenas en mi vida". "Tengo ansiedad y me voy a permitir descansar un rato".

Permitirnos estar mal es, paradójicamente, el primer paso para estar mejor. No es debilidad, es una forma de cuidado emocional profundo. Es tratarte con la misma compasión con la que tratarías a tu mejor amiga si viniera a contarte lo mismo.

Si sientes que tu juez interior es demasiado severo y no te deja respirar, recuerda que en terapia trabajamos precisamente para reeducar esa voz y convertirla en una aliada, no en una enemiga.

¡Comparte este artículo!

Foto de Judit Merayo Barredo

ESCRITO POR

Judit Merayo Barredo

Psicóloga especializada en ansiedad, estrés y crecimiento personal. Mi objetivo es acompañarte en tu camino hacia el bienestar emocional con herramientas prácticas y un espacio seguro.

Saber más sobre mí →

¿Te cuesta permitirte estar mal?

Si la culpa y la autoexigencia no te dejan transitar tus emociones en paz, puedo acompañarte a construir una relación más amable contigo misma.

Reservar Cita