Relaciones y Familia

Geolocalización en familia: ¿Cuidado o control? La trampa de la falsa seguridad.

Por Judit Merayo Barredo Publicado el 11 de Diciembre, 2025 Lectura de 8 min
Mujer mirando con preocupación el móvil en la cocina, con un mapa en la pantalla, representando la ansiedad por la geolocalización.

Hace poco atendí a una paciente de 17 años en consulta que llegó enfadadísima, con una mezcla de rabia e incredulidad. Había descubierto que sus padres la estaban geolocalizando a través de una aplicación sin decirle nada. "Dicen que es por mi seguridad", me contaba, "pero yo siento que estoy en una cárcel invisible".

Este caso es mucho más común de lo que pensamos. La tecnología nos ha vendido una promesa muy seductora: saber dónde están nuestros seres queridos *todo el tiempo* es sinónimo de protegerlos. Y, sin embargo, como psicóloga veo a diario cómo esta herramienta, mal utilizada, dinamita la confianza y genera una dependencia feroz. Como comentaba recientemente en un artículo para La Voz de Galicia, cuando cruzamos la línea del cuidado al control, lo que estamos gestionando no es la seguridad del otro, sino nuestra propia incapacidad para tolerar la incertidumbre.

"Me están vigilando": Cuando el cuidado se convierte en conflicto.

Vivimos en la era de la inmediatez: si envías un WhatsApp y no ves el doble check azul al instante, te preocupas, y si llamas y no contestan, te angustias. La geolocalización ha venido a llenar ese vacío de información que antes era natural. Antes, si tu hijo salía, tenías que confiar en que llegaría a la hora acordada. Ahora, puedes ver si su punto azul se mueve por la calle o por la carretera.

Pero, ¿qué precio pagamos por esta "paz mental"? El precio es la autonomía. Cuando geolocalizamos sin consentimiento o de forma obsesiva, estamos enviando un mensaje implícito devastador: "No confío en que sepas cuidarte solo/a" o "No confío en lo que me dices". Y ojo, esto no va de demonizar la tecnología; la geolocalización puede ser útil en momentos puntuales (un viaje largo en coche, una excursión a la montaña), pero si es constante, deja de cuidar… y empieza a asfixiar.

La trampa química: Por qué mirar el mapa calma tu ansiedad (pero solo un rato).

Para entender por qué nos enganchamos a mirar la ubicación de nuestra pareja o hijos, tenemos que mirar dentro de nuestro cerebro. Cuando no sabes dónde están y te imaginas lo peor, tu amígdala (el centro del miedo) se activa. Sientes esa presión en el pecho, ese nudo en el estómago.

En ese momento, abres la aplicación. Ves que el punto está en "Casa" o "Trabajo". ¡Bum! Tu amígdala se relaja y tu cerebro libera un pico de dopamina, sintiendo alivio inmediato. El problema es que este alivio es una trampa, un mecanismo de refuerzo intermitente muy potente.

"Es un alivio-trampa: cuanto más miras, más necesitas mirar. Tu tolerancia a la incertidumbre se hunde… y la ansiedad sube."

Lo que ocurre es que tu cerebro aprende que la única forma de calmarse es comprobar el móvil. Así, cada vez toleras menos no saber. Si un día el GPS falla o se quedan sin batería, tu ansiedad no será de un 5 sobre 10, será de un 10 sobre 10. No estamos construyendo seguridad, estamos construyendo dependencia.

En pareja: cuando la ubicación sustituye a la confianza.

En el contexto de la pareja, la geolocalización en tiempo real es, a menudo, gasolina para el conflicto. He visto parejas que se llaman para preguntarse "¿por qué te has parado 10 minutos en esa calle?" o "¿por qué dice el mapa que estás en el bar si me dijiste que ibas al gimnasio?".

Cuando la confianza se sustituye por vigilancia, la relación se asfixia. Si necesitas saber dónde está tu pareja las 24 horas para sentirte tranquilo/a, el problema no es su ubicación, es la inseguridad en el vínculo (o tu propio estilo de apego ansioso). La confianza no es saber que el otro no te miente porque lo estás vigilando; la confianza es no necesitar vigilarlo para saber que no te miente.

Con los hijos: ¿Mirar un punto en el mapa o educar en responsabilidad?

Con los hijos pasa algo similar, parece protección, pero muchas veces es una falsa seguridad porque no te sientes seguro ni capaz de tener esas conversaciones difíciles. Quizás no te hayas dado cuenta, pero inconscientemente es más fácil mirar un punto en un mapa que hablar con tu hijo o hija adolescentes sobre el consumo de alcohol, las relaciones sexuales, las malas compañías o cómo reaccionar ante una situación de peligro.

Al final, lo que estamos dificultando es que el o la adolescente genere autonomía, responsabilidad y confianza. Si tu hijo/a sabe que lo/a vigilas, puede que se comporte bien "porque le vigilan", no porque haya interiorizado los valores. Y la adolescencia es precisamente la etapa donde deben aprender a autorregularse cuando mamá y papá no miran.

Ejercicio práctico: Auditoría de Control vs. Cuidado.

Si sientes que el uso de estas apps se te está yendo de las manos, te propongo un pequeño ejercicio de reflexión para poner orden a este caos interior.

La próxima vez que sientas el impulso de mirar la ubicación, detente 10 segundos antes de desbloquear el móvil y pregúntate:

  1. ¿Cuál es la emoción real? ¿Tengo un dato objetivo para pensar que hay peligro (ej: hay una tormenta terrible) o es mi propia ansiedad e inseguridad hablando?
  2. ¿Para qué lo miro? ¿Para protegerle a él/ella o para calmarme a mí? Sé honesto/a contigo mismo/a.
  3. La regla de la espera: Si no hay un peligro inminente evidente, espera 15 minutos. Dedica esos minutos a respirar o hacer otra tarea. A menudo, la urgencia de la dopamina baja y te das cuenta de que no necesitabas mirar.

Recuerda: querer saber dónde están nuestros seres queridos es humano, pero el amor sano se basa en la libertad y la confianza, no en el control telemático. Trabajar nuestra propia tolerancia a la incertidumbre es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos y a nuestras relaciones.

Si sientes que la ansiedad por la seguridad de los tuyos te desborda y afecta a tu día a día, o si los celos y la necesidad de control están dañando tu pareja, en terapia podemos trabajar herramientas para gestionar esa incertidumbre de forma más saludable.

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ESCRITO POR

Judit Merayo Barredo

Psicóloga especializada en ansiedad, estrés y crecimiento personal. Mi objetivo es acompañarte en tu camino hacia el bienestar emocional con herramientas prácticas y un espacio seguro.

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